viernes, 13 de marzo de 2009

Último adiós de un bibliófilo.

Österreichische Nationalbibliotek, Viena: uno de los atlantes encargados de la custodia de la biblioteca.
Los catálogos de bibliotecas particulares tienen enorme interés por numerosos motivos. Casi siempre es el único testimonio que queda de la biblioteca tras su dispersión, que suele ser lo habitual una vez desaparece la figura del bibliófilo que con paciencia, amor y una cierta dosis de locura la formó.

Como escribe Francisco Mendoza, los bibliófilos se consideran inmortales y prestan poca atención al devenir de su biblioteca. Pero cierto es que hasta el momento también a los amantes de los libros les llega el día de abandonar este valle de lágrimas y encaminar sus pasos hacia el contiguo de Josafat. Si han dejado impreso el catálogo de su librería los que están por venir dispondrán de información sobre su personalidad, gustos, preferencias, criterios y noticias mil sobre el raro impreso, proveniencia del ejemplar, etc.

Hay catálogos de bibliotecas bien conocidos y de consulta obligatoria: Salvá y Heredia son ejemplo. Otros repertorios no gozan de tanta difusión, pero no por ello dejan de ser útiles e interesantes. En un artículo anterior comentábamos el de la biblioteca del mallorquín Antonio de Villalonga y Ferrer. Hablaremos, en otro momento, sobre un raro catálogo: el del bibliotecario de Bruselas, don Carlos de Laserna y Santander, impreso en Bruselas, 1792, 4 vols., 8º. Hoy traemos a esta ventana mención al del bibliófilo Amadeo Delaunet y Esnaola.

Don Amadeo Delaunet y Esnaola (San Sebastián, 25-9-1885, - íd. 21-7-1958) formó una biblioteca de genealogía y heráldica. Durante medio siglo fue persiguiendo y reuniendo los libros de su interés con el afán y la emoción que a todo bibliófilo embarga. En 1957, atacado de grave enfermedad, emprendió la elaboración del catálogo, que logró terminar casi a las puertas de sus últimos días. Su sobrino Carlos Delaunet, compañero en afanes bibliográficos, lo editó en San Sebastián, 1960, 4º: Catálogo de una biblioteca de genealogía y heráldica. El catálogo abraza 1.801 títulos (entre ellos, seis obras del abuelo de quien esto escribe). Se tiraron doscientos ejemplares, impresos en papel velin.

Las líneas de introducción al Catálogo, –escritas por Carlos Delaunet-, son especialmente emotivas al describirnos el último adiós del bibliófilo al despedirse de sus libros queridos:

“Dios quiso darle aliento suficiente para concluir ese trabajo de gran significación cultural e ideológica. Y terminó el mismo justamente en el comienzo de una cruel y prolongada agonía que soportó santamente, hasta que el Señor infinitamente misericordioso le llevó a Sí, otorgándole su bienaventuranza.

Pero antes de morir expresó ardientes deseos de hacer acto de presencia en su Biblioteca. Sentado en una butaca, contempló largo rato en silencio a los compañeros que habían alegrado su vida. Cuando terminó esta visita, antes de volver al lecho de muerte, se detuvo un instante en la puerta, tendió su mirada dolorida y triste y, con emoción sensible, se despidió de sus libros.

Yo, que recibí el encargo de preparar la impresión del presente Catálogo, no he querido cerrarla sin dejar este breve recuerdo de mi querido tío (q.e.p.d.), ilustre por muchos conceptos, cariñoso, bueno y cumplido caballero, cuya muerte ha dejado profunda huella en nuestra memoria”.
Lector benévolo, deseo que medien muchos años y lustros antes del momento de la despedida final de tus libros. Hoy, -al emprender viaje familiar-, lo hago de los míos, quiera Dios que por solo unos días.

8 comentarios:

Galderich dijo...

Fantástica escena la que describes. A pesar de ello te queremos ver al pie del cañon dando guerra a los libros.
Buen viaje familiar que sin duda también sera bibliófilo porque el papel tira...

lamberto palmart dijo...

Es inevitable que ante este emotivo artículo, no se ericen los pelos de mi piel al visualizar ese último instante de Don Amadeo. Espero que pasen largos años antes de que nos veamos en ese mismo escenario.
Nos tendremos que plantear hacer nuestro propio catálogo o al menos en mi caso pasar el blog a papel y hacer una corta tirada. El papel siempre será papel.

Que tengas un feliz viaje y seguimos con nuestros comentarios a tu regreso.

Saludos bibliófilos.

Marco Fabrizio Ramírez Padilla dijo...

Amigo Diego. Tu escrito resulta por demás conmovedor. Es difícil imaginar final más digno para un bibliófilo. Es curioso pero a veces pensamos que de alguna manera nuestros libros nos contagian algo de su intemporalidad ; ante la conciencia de la proximidad del final de nuestra existencia terrenal resulta natural que veamos a nuestra biblioteca como una de las huellas mas fidedignas de nuestro paso por la tierra. Esos catálogos son verdaderas joyas, la noticia de su existencia siempre es algo que agradecer.
Saludos bibliófilos.

Anónimo dijo...

solo queria mandar un saludo desde nueva york!!

katerina dijo...

Buenas tardes!

Hi Diego!
I'm visit offen your blog, but for the moment i communicate with you by fotos only.I think they are very artistic and beautifull.
I love very much the Spanish language and civilization.
I have allready do 5 spanish lessons, and some time i think i write here spanish.

cris! dijo...

Hola papi!!!

We just wanna thank you for the trip to New York. Daniel and me had so much fun and we really enjoyed the dinner we had together (and also her sister).

Thank you so much, we hope we can meet each other very soon in Valencia!

te quierooooo!!

Daniel & Cristina

rui dijo...

Amigo Diego.
Cuando nosotros nos acercamos del final de nuestro paso por la tierra nos interrogamos que hacer de nuestros compañeros hace tanto tiempo...nuestros libros? Un trabajo de toda una vida de amor y busca, muchas veces con alguna dificultad financiera, pero logramos a obtener lo que nos tenemos en nuestro pensamiento hace tanto tiempo persiguiendo y reuniendo los libros de nuestro interés!
Pero llegó el fin de nuestra vida y como dice Marco Fabrizio Ramírez Padilla “Es difícil imaginar final más digno para un bibliófilo”.
Como siempre tu artículo sencillo, pero siempre de un grande conocimiento bibliófilo, es muy conmovedor y nos debe hacer pensar como preparar nuestra partida de esto mondo.
Ni todos tienen los conocimientos necesarios para hacer un catálogo de suya biblioteca particular, pero al menos deberían lo pedir, o dejar apuntamientos precisos para alguien lograr a lo hacer.
Gracias por esto bello escrito y míos saludos bibliófilos
Rui

Peter dijo...

Buenas,
Amadeo Delaunet, de quien escribes en esta entrada, era tio de mi abuelo. Me ha encantado leer tan emotivas palabras de un antepasado.
Gracias en mi nombre y en el de mi familia