lunes, 18 de octubre de 2010

El Honor de un Virrey vindicado por su biznieto.



Don Joaquín Monserrat y Cruilles, Crespí de Valldaura y Alfonso, I Marqués de Cruilles, Barón de Planes y Patraix, Teniente General, Virrey de Nueva España.
(Valencia, 27-08-1700, id. 21-11-1771). 

Don Joaquín Monserrat y Cruilles, nació en Valencia el 27 de agosto de 1700 en el seno de una antigua y noble familia valenciana. A los diez años de edad tomó el hábito de la Orden de Montesa e ingresó, poco más tarde, en la carrera militar. Se operaba en aquellos tiempos la transformación del ejército español impulsada por la nueva casa reinante Borbón: desaparecían los viejos Tercios y el ejército se organizaba en base a regimientos.

Comenzó la carrera de las armas como Cadete, recién creada esta clase, en el Regimiento de Reales Guardias Españolas y participó en numerosas campañas: Guerra con Francia en 1719, Campaña de Navarra en 1720, defensa de Ceuta en 1721, sitio de Gibraltar en 1727, Campaña de Italia y Sicilia, 1733-35 participando en los sitios de Ovo, Castel-Novo, San Telmo, Gaeta, Mesina, Siracusa, Trápani, etc.

El 24 de marzo de 1735 le fue concedido el marquesado de Cruilles por el entonces rey de las Dos Sicilias, después Carlos III de España. Continuó su vida militar en Italia participando en otras campañas hasta 1751, que contando con 33 años efectivos de servicio, fue nombrado Gobernador Militar de Badajoz. En 1754  fue nombrado Comandante General de Aragón.

Coronado Carlos III rey de España en 1759, nombró a Cruilles, el 9 de mayo de ese año, virrey de Nueva España. Fue éste el primer nombramiento de virrey realizado por Carlos III. Agradecía de esta manera el Rey al soldado y amigo las gestas, lealtad y coraje que siempre mostró en las campañas de Italia.

Cruilles hizo entrada pública en la capital del Virreinato el 25 de enero de 1761. Su gestión ha sido estudiada y analizada en diferentes libros y publicaciones. Los seis años de su virreinato fueron convulsos y agitados: conflictos hubo de resolver en la industria minera, participar en la Guerra de 1762 fortificando la amenazada Veracruz tras la toma de La Habana por los ingleses el 12 de agosto de 1762.

Además de sus responsabilidades tuvo que hacer frente a las insidias, envidias y maledicencias de ciertos personajes de la administración y Corte. Conocidos son sus enfrentamientos con José de Gálvez (hermano de Matías también Virrey de Nueva España).

José de Gálvez, comprador de cargos en Indias, fue nombrado en 1765 Visitador General de Nueva España. El choque entre el virrey y el visitador Gálvez fue continuo. Llegando al extremo que Carlos III al enterarse que Gálvez iba a presidir el Juicio de Residencia de Cruilles mandó su inmediata destitución para tal función. Mal se debía mover el soldado Cruilles, acostumbrado al combate abierto y la disciplina del mando, entre los entresijos e intereses partidistas de los miembros de la Corte (1).

Durante su mandato se implantaron las primeras transformaciones de la organización del ejército en Nueva España con la creación del Ejército Virreinal a instancias de Esquilache y el saneamiento de los caudales públicos por impulso del conde de Aranda (véase sobre la materia de gestión de caudales públicos en Bibliofilia Novohispana el interesante artículo sobre la consolidación de vales de 1804).

En 1766 Cruilles cesó en su cargo y fue sucedido por el nuevo virrey marqués de Croix.

Volvió Cruilles a la Corte donde recibió la sentencia del obligado Juicio de Residencia. Por medio de ella quedaba “absuelto de los diez cargos que le habían sido formulados, y del cargo especial que desde Madrid le había sido hecho el 11 de julio de 1766, referente al permiso que en 1763 había dado para que entrasen en Veracruz los buques ingleses de Lindsay”.

El asunto Lindsay hace referencia a un hecho sucedido tras la guerra con los ingleses en 1762. El 23 de febrero de 1763, a las dos de la tarde, fondeó en Veracruz la fragata británica The Trent al mando de su capitán sir Jhon Lindsay junto con el bergantín Sally y el paquebote Keppel. La fragata, de acuerdo con los preliminares de paz iniciados, devolvía prisioneros españoles. Entregados los prisioneros llegaron a tierra algunos comerciantes ingleses que aprovecharon el momento para vender sus mercancías.

Este episodio, que dio pie a una pieza separada en el Juicio de Residencia del virrey, fue recogido con cierta carga crítica, años más tarde, por Modesto Lafuente en su Historia general de España (T. IV, pág. 138, Barcelona, 1879, Montaner y Simón), cuestionado el buen obrar del virrey.

Y al año siguiente de ver la luz la obra de Lafuente un biznieto del virrey, don Vicente Salvador y Monserrat, IV marqués de Cruilles, -herido en la honra del bisabuelo-, dio a las prensas en Valencia un pequeño opúsculo aclarando este episodio y vindicando el honor de su ilustre antepasado. De esta obra damos referencia a continuación:


Marqués de Cruilles (D. Vicente Salvador y Monserrat). Biografía del Excmo. Sr. Teniente General Don Joaquín Monserrat y Cruilles, Marqués de Cruilles, Virrey de Nueva España, de 1760 a 1766. Escrita por su biznieto el marqués del mismo título. Valencia, 1880, 4º, Imprenta de Nicasio Rius Monfort.

Colación:

Portada, 42 páginas (incluyendo portada), un grabado con el retrato y firma del marqués de Cruilles por R. Franch. Cubiertas en papel azul. Al final de la página 42 grabado con las armas del marqués.

 
Defiende la actuación del virrey en el asunto Lindsay su biznieto: “su descarga y venta se verificó con sujeción á las disposiciones establecidas; más no impidió esto que la noticia se desfigurase algo al llegar á España, á pesar de la ingenuidad con que así el gobernador de Vera-Cruz, los oficiales reales y el Virey, en carta de 4 de mayo, 12 de agosto y 19 de noviembre, dieron minuciosa cuenta del suceso y de que obtuviese la Real Órden de 28 de agosto en los términos mas satisfactorios por el celo que en todo se manejó. Por último, durante el juicio de residencia á que conforme la legislación de Indias quedó sujeto al terminar su mando, se promovió ramo separado por este incidente. Hecha información especial por si medió interés ú obsequio, dádiva ó regalo a S.E., al fiscal ú otro cualquier familiar por parte de los ingleses ó por cualquier otra mano, ninguno de los diez y siete testigos de autoridad que fueron examinados, declaró, ni indicio siquiera remotamente, tal especie: antes dieron razones fundadas de lo contario; por lo que con audiencia y vista del fiscal se tuvieron por satisfechos los cargos de incidente y se declaró prudente y reglada la conducta del Virey en 13 de Mayo de 1767”.  

En marzo de 1771 volvió Cruilles a su Valencia natal donde murió en su casona familiar de la calle Salvador el 21 de noviembre de ese año, en palabras de su biznieto "en la misma alcoba donde 71 años antes había nacido".

Concluimos así estas líneas recordando a este ilustre militar valenciano, primer marqués de Cruilles y Virrey de Nueva España en las palabras de encendida y firme defensa de su biznieto:

"...hombres de rectitud, saber y valor como Cruilles, se desvivían por el bien obrar, y sus intentos los mejores eran siniestramente interpretados, para que hoy por vagas e indeterminadas premisas haya podido hacerse caer el estigma histórico sobre una reputación sin mancilla, intentando envolver en repugnantes harapos la rozagante toga del Estadista, la laureada espada del Militar, y el blanco manto y simbólica divisas del caballero". 


(1) Véase: VVAALos Virreyes de Nueva España en el Reinado de Carlos III. Dirección y estudio preliminar de Jose Antonio Calderón Quijano, Sevilla, 1967, 2 vols., 4º, Escuela de Estudios Hispano-Americanos. (CSIC).

(2) Sobre la familia Cruilles véase Barón de San Petrillo, Los Cruilles y sus alianzas. Nobiliario valenciano por el... Director Decano del Centro de Cultura Valenciana, Valencia, 1946, Fol., Imprenta Vives Mora (Diana).

4 comentarios:

Marco Fabrizio Ramírez Padilla dijo...

Querido Diego.

Muchísimas gracias por la referencia y por las entradas que recuerdan nuestra historia común.

Como bien mencionas aunque el Virrey Cruillas se vio precisado a cumplir con una labor colosal, no fue gran cosa comparada con las intrigas cortesanas , que en ocasiones son más letales que pelear por medio mundo.

Emocionan los relatos de reivindicación histórica, en el que la verdad triunfa en contra de las calumnias y el buen nombre sigue siendo el bien más preciado. Alguien decía que más que los títulos, el honor es lo que da nobleza y eso lo sabía muy bien Don Vicente Salvador y Monserrat.

Un fuerte abrazo.

Urzay dijo...

Si es que a toro pasado se juzgan las cosas con una facilidad....
Un abrazo

Galderich dijo...

Diego,
En cuenta gotas pero podemos disfrutar de tus destilados artículos.
El honor no es una cuestión secundaria y me gustó la rápida réplica del biznieto para defender no sólo el honor del bisabuelo sinó el de la família.
Un abrazo.

lamberto palmart dijo...

Interesante artículo sobre este noble valenciano, que como buen miltar y caballero se dedicó a cumplir su trabajo sin más intenciones que la satisfacción del deber cumplido, como bien defiende su biznieto.

Esta historia me recuerda a otras narradas por Pérez Reverte en "Patente de Corso" cuando hace defensa de históricos personajes que pusieron su honor y el de su país por encima de todo.

Algún político debería leer tu artículo, y tomar nota del significado de la palabra honor.

Saludos bibliófilos.