domingo, 1 de noviembre de 2009

Bibliófilos españoles en el Siglo de Oro.

Leemos en Marcas Tipográficas noticia de la inauguración de la exposición Escritores, mecenas y bibliófilos en la época del Conde-Duque en la Fundación Lázaro Galdiano. El evento permite aproximarnos a la figura del gran estadista, mecenas, erudito y bibliófilo que fue don Gaspar de Guzmán y Pimentel, III Conde-Duque de Olivares.

La muestra ha sido organizada con ocasión del Congreso Internacional Poder y saber: bibliotecas y bibliofilia en la época del Conde-Duque de Olivares. D. Juan Antonio Yeves Andrés, bibliotecario y secretario de la Fundación es el Comisario de la exposición y encargado de la preparación y redacción del interesantísimo y muy ilustrado Catálogo.
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La exposición dedica atención especial a los bibliófilos españoles contemporáneos de don Gaspar de Guzmán, presentando ejemplares, -ahora en los fondos de la Fundación-, provenientes de bibliotecas de tres grandes bibliófilos españoles: el duque de Medina de las Torres, el marqués de Caracena y don Pedro de Aragón.

Estos tres bibliófilos, junto con el propio Conde-Duque, cuya biblioteca superaba con creces en cantidad y calidad a las de los tres coetáneos juntas, son bien conocidos por los aficionados al libro antiguo español. De vez en cuando vemos correr en comercio algún ejemplar con las inconfundibles y vistosas encuadernaciones de esas bibliotecas.

Traemos hoy a estas páginas dos encuadernaciones heráldicas españolas del siglo XVII pertenecientes a bibliotecas menos conocidas que las tres anteriormente citadas. El interés de las encuadernaciones que presentamos radica en su relativa rareza. No hemos encontrado referencia o mención a estas bibliotecas ni a estos supralibris en la obra de M. Sánchez Mariana, Bibliófilos españoles ni en los diferentes tratados de Francisco Mendoza Díaz-Maroto.

De la primera encuadernación, hemos podido identificar, sin especial dificultad, a su ilustre propietario a través de las armas que lucen los planos del ejemplar: don Fernando Enríquez de Ribera, III duque de Alcalá de los Gazules. En el segundo caso, gracias a las orientaciones de los amigos bibliófilos, logramos -tras diferentes pesquisas y presunciones-, dar con el nombre y título de sus propietarios: don Manuel de Fonseca y Zúñiga y su mujer doña Leonor de Guzmán, VI condes de Monterrey.

Estas son las dos encuadernaciones:

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Plena piel de época, marroquín habana, lomo con nervios, cortes dorados y cincelados, cierre de cinta de seda verde, planos enmarcados con greca dorada, motivo floral en la esquina, al centro de ambos planos armas de los Enríquez, pertenecientes en este caso al III duque de Alcalá de los Gazules, 205 x 145 mm..
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La obra que viste la encuadernación es:
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Santo Tomás de Aquino, Tratado del govierno de los principes, del angelico doctor .. .. Tradvcido en nvestra lengva Castellana por don Alonso Ordoñez de Seyjas y Tobar, señor de Sampayo, &c. Al excelentissimo señor don Gaspar de Guzman, Conde de Oliuares, Sumiller de Corps, y Cauallerizo mayor de su Magestad, y de su Consejo de Estado y Guerra, Alcayde perpetuo de los Reales Alcaçares de Seuilla, y gran Canciller de las Indias, Madrid, 1625, por Juan González, 8ºm, 198 x 132 mm.

Colación: 6 hojas, incluyendo portada, 112 folios, 4 hojas con tablas.

La obra está dedicada al Conde-Duque. Al verso del folio 112: “En Mardid [sic] Por Iuan Gonçalez, Año M.DC.XXIIII” (1624).
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Al verso de la portada anotación manuscrita del duque de Alcalá: "Diomelo su Autor en el 8. por Febrero de 1625. Duque de Alcalá".
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Al verso de la hoja preliminar 3, epigrama en latín dedicado por el valenciano Vicente Mariner al traductor de la obra de Santo Tomás, Alfonso Ordóñez.
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La fecha de la nota manuscrita nos permiten identificar, con plena seguridad, las armas de la encuadernación como pertenecientes al III duque de Alcalá de los Gazules, don Fernando Enríquez de Ribera, marqués de Tarifa y conde de los Molares. Nacido en Sevilla en 1583 y fallecido en Austria en 1636. Humanista, amante de la pintura y escultura formó parte de la Academia de Juan de Mal Lara (algunas de las sesiones de la Academia se desarrollaron en la residencia del duque en Sevilla, la Casa de Pilatos).

Primera edición castellana. Palau, 300.356. CCPBE, 9 ejemplares.

Veamos, ahora, la siguiente encuadernación:

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Plena piel, pasta moteada de época, lomo con nervios, motivos dorados, planos enmarcados con hilo dorado y motivo floral en las esquinas, al centro armas de los VI condes de Monterrey, 207 x 156 mm.
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Don Manuel Fonseca y Zúñiga (1586-1653), VI conde de Monterrey casó con doña Leonor de Guzmán, hermana del Conde-Duque de Olivares (el Conde-Duque, a su vez, había casado con doña Inés Fonseca y Zúñiga, hermana del conde de Monterrey).

Don Manuel de Fonseca y Zúñiga, Grande España, caballero del Orden de Santiago fue, entre otros muchos desempeños y cargos, embajador en Roma y Virrey en Nápoles. Hombre erudito, mecenas, coleccionista de pintura e ilustrado.
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Las armas de la encuadernación corresponden en los cuarteles del escudo cortado a Fonseca y Zúñiga y las del escudo partido a Guzmán, cruz de Santiago acolada y corona italianizante (similar a la ducal española) timbrando las armas.
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Los VI condes de Zúñiga mandaron construir la iglesia y convento de las Agustinas en Salamanca. Fábrica de gusto italianizante con pinturas y esculturas traídas de Nápoles por los condes. Varias de las esculturas muestran las armas de los condes (a las que añaden los entronques familiares de Acevedo, Biedma y Ulloa).
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Armas de los VI condes de Monterrey en la iglesia de las Agustinas (Salamanca), con los apellidos Fonseca, Zúñiga, Guzmán, Acevedo, Biedma y Ulloa.

Esta encuadernación da resguardo a la obra siguiente:
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Juan Pinto Ribero, Anatomia delli regni di Spagna nella qvale si dimostra L'origine del dominio. La dilatatione delli stati. La svcessione delle linee de svoire. Con la distintione della Corona di Portogallo da quelle di Leone, e di Castiglia, Lisboa, 1646, Sancio Beltrando, 8º, 196 x 146 mm.

Colación:

6 hojas preliminares, incluyendo portada, 85 páginas, blanca, 83 páginas.
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Tras la página 85 y la hoja blanca que le sigue, nueva portada: Discorso dell' vsvrpatione retentione e ristoratione del Regno di Portogallo, fatto dal dottor Gio: Pinto Ribero Senatore del Conseglio di Camera, Lisboa, 1646, Sancio Beltrandi.
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Palau, 226709. CCPBE: 1 ejemplar.

Yeves Andrés, Juan Antonio, Encuadernaciones heráldicas de la Biblioteca Lázaro Galdiano, Madrid, 2008, pág. 229: Encuadernaciones con armas sin identificar, presenta bajo los registros 234 y 235 dos encuadernaciones con armas similares a las presentes de los VI condes de Monterrey. Yeves Andrés indica que dichas armas podrían ser las de los condes de Monterrey.

Hasta aquí la referencia a estos dos libros con encuadernación heráldica española contemporánea de la época del Conde-Duque de Olivares y por uno u otro motivo a él vinculados: el primero por ser un tratado que el traductor dedica en portada al Conde-Duque, el segundo por provenir de la biblioteca del cuñado del Conde-Duque.
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Ambos libros formaron parte de bibliotecas aristocráticas españolas poco conocidas y de las que han llegado a nuestros días escasas noticias y ejemplares.
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NOTA: el lector curioso e interesado en disquisiciones en materia de blasones y genealogía puede leer los comentarios a este artículo que muestran el proceso disquisitivo que ha permitido determinar la filiación de las armas de la segunda encuadernación.

12 comentarios:

Galderich dijo...

Diego,
Las encuadernaciones son otro mundo en el tema de la bibliofília, siendo a veces más interesantes que el propio texto.
En este caso contenido y continente estan a una altura muy interesante y són un auténtico placer.
Siento no poderte orientar sobre el segundo ejemplar aunque creo que la tarea más difícil ya la has hecho y serà fàcil localizar el bibliófilo de tan cuidada encuadernación.

Urzay dijo...

Gracias por mostrar estas magníficas encuadernaciones, Diego. A veces se tiene la impresión de que la historia de nuestra bibliofilia no tiene tanto que envidiar a la tradición francesa o a la inglesa como tantas veces se lee, y de que muchas veces es el desconocimiento de esa historia el que provoca conclusiones quizás apresuradas. En los últimos años estamos viendo cómo nuevos estudios recuperan con rigor la memoria de bibliófilos como Gondomar o el VII Marqués de Astorga. O recientemente, del humanista Juan Páez de Castro, en el último premio nacional de bibliografía cuya anunciada publicación espero con impaciencia. Imagino que no pocos hemos sabido más de La Serna Santander gracias a los artículos que le dedicaste. Si puedo pasar por Madrid antes de la clausura, sin duda me daré un paseo por la exposición. Saludos bibliófilos.

lamberto palmart dijo...

He podido ojear el folleto de la exposición en la web de la fundación Lazaro Galdiano, y en la línea del amigo Urzay, hay que alabar la exposición por el conocimiento que nos ofrece de la historia de la bibliofilia española y el apoyo que recibió el mundo de la edición por parte de la nobleza española.

Nos ofreces unos magníficos ejemplos de áulicos supralibros que bien podían formar parte de la exposición galdiana; están al mismo nivel. Encuadernaciones que reflejan la sobriedad y grandeza del estilo español, lejos de las europeas en refinamiento pero no por ello menos espectaculares.

En cuanto a la incógnita del último supralibris tal vez pueda arrojar algo de luz a las dudas que plantea,sin duda, gracias a las pistas que nos ofreces.
La casa Sandoval-Rojas posee el ducado de Lerma, el ducado de Uceda se separa del de Lerma y se integra con el de Frias y Osuna. Cristobal Gomez de Sandoval y Rojas hijo del duque de Lerma pasa a ser el Duque de Uceda, válido de Felipe III. Posteriormente la duquesa de Uceda, Isabel María de Sandoval y Girón se casa con Juan Francisco Pacheco Téllez-Girón que adquirió el título de duque consorte. Sus armas son muy, muy parecidas a las de tu supralibros, aunque en distinta posición. Don Juan Francisco Pacheco Téllez-Girón fue Virrey de Sicilia, tal vez el hecho de que el libro que alberga la encuadernación este escrito en italiano... ¿tendrá algo que ver?.

El enigma creo que no queda satisfactoriamente resuelto pero sí pergeñado. Si no es el escudo de este Virrey es de alguien muy cercano. Bueno, espero que sirvan de algo estos datos.

Saludos bibliófilos

Carlos Fernández dijo...

Muchísimas gracias por tu cita. En cuanto a las encuadernaciones heráldicas de la biblioteca Lázaro Galdiano, Juan Antonio Yeves publicó el año pasado una magnífica obra (Encuadernaciones heráldicas de la Biblioteca Lázaro Galdiano. Madrid, Ollero y Ramos). Y quizás ahí puedas ampliar la información sobre el superlibris desconocido.
Un cordial saludo.
Carlos

Marco Fabrizio Ramírez Padilla dijo...

Diego.
Dos libros verdaderamente exquisitos, las encuadernaciones, de una elegancia que solamente se forja a través de varias generaciones.
Y todavía algunos necios s e atreven a dudar de la utilidad de la genealogía.

Saludos bibliófilos.

DIEGO MALLÉN dijo...

Estimados amigos bibliómanos, Galderich, Urzay, lamberto, Carlos y Marco Fabrizio:

Ciertamente pocos bibliófilos españoles hubo en el XVII. Y gracias a Olivares prendió la afición entre la aristocracia española de la época. Desde luego los 3 seguidores más destacados del Conde-Duque fueron Caracena, Medina de las Torres y Aragón.

Como sus bibliotecas se dispersaron, pero no se destruyeron, vemos ejemplares suyos en la Lázaro, Zabálburu, en comercio y hasta el que más o el que menos de nosotros ha conseguido reunir una pequeña muestra de ejemplares de sus bibliotecas.

Las encuadernaciones motivo de mi artículo las reputo como bastante más raras que las de los tres bibliófilos anteriores. Pienso que la Lázaro no debe contar con ejemplares pues en caso contrario habrían formado parte de la muestra. Tal vez el señor Yebes nos lo pueda confirmar en algún momento.

Desde luego las encuadernaciones españolas del XVII no pueden competir en finura y calidad con sus contemporáneas francesas: las encuadernaciones de las bibliotecas de J.A.Thou, del ministro Colbert, Richelieu, son exquisitas… No tenemos que olvidar la que Baroja decía del español: “…es un francés pobre”.

El libro de Yebes que menciona Carlos, es extraordinario y al que recurro constantemente para desentrañar los cuarteles de las armas de las encuadernaciones. Es herramienta indispensable para el bibliófilo.

Respecto a la hipótesis de Lamberto algo no me encaja: mencionas Rojas y Sandoval pero las armas del escudo partido son Rojas y Zúñiga. Las armas de Sandoval es una banda de sable, las de Zúñiga casi igual: banda de sable rodeada de cadena (por la batalla de las Navas). Viendo el cuartel observarás que son Zúñiga, no Sandoval por lo que el entronque con Lerma se complica…


Saludos bibliófilos.

Urzay dijo...

Estimado Diego:
En efecto, es obvio que las encuadernaciones españolas del siglo XVII están, en general, muy lejos de las francesas (y no sólo de ellas). Sin embargo en mi comentario me refería no a las encuadernaciones en concreto, sino a la bibliofilia durante los siglos XVI y XVII, es decir, al gusto por el libro, no tanto por el libro bello. Y ahí me da la impresión de que las cosas son distintas, y de que queda mucho por estudiar. Me viene a la cabeza ahora, por ejemplo, una carta en la que Lope de Vega le remite al duque de Sessa 4 ejemplares de las Rimas, recién impresos, y se disculpa por enviarlos sin encuadernar, de cualquier manera. Imagino que es una experiencia común a todos los bibliófilos españoles haber comprado libros interesantísimos del siglo XVII (ciertamente más interesantes que los que se estaban editando de forma coetánea en otros paises europeos) con el disgusto de que tengan el papel completamente oscurecido, la tinta infecta, los tipos defectuosos y la encuadernación en pergamino cutre. Pero el interés por el libro existía, los autores escribían, las bibliotecas se formaban, los libros en nuestra lengua se traducían, e incluso se imitaban, en otras lenguas europeas. Aunque fueran muy pocos los que estuvieran preocupados por que el resultado del proceso fuera bello.
Respecto a tu pequeño enigma, ¿has pensado si no pudiera ser Fonseca y Zúñiga, en vez de Rojas y Zúñiga? En ese caso hay una solución tentadora y bastante evidente, en la que todo cuadra a la perfección... menos la corona ducal. Saludos bibliófilos desde la meseta.

DIEGO MALLÉN dijo...

Estimado Urzay, no puedo estar más de acuerdo con tu reflexión. Los bibliófilos españoles del XVII (aristócratas o no) son grandes olvidados. La producción de libros en calidad de contenido y cantidad extraordinaria. Y donde esté una primera de Lope o una pieza de teatro (esas maravillosas “Partes”) impresas toscamente en mal papel se pueden apartar todos los Colbert…

Mi comentario se limitaba en exclusiva a las encuadernaciones.

Tu reflexión sobre las armas es inquietante, aclaradora y además estoy seguro que sabes a donde quieres ir…

Fonseca lleva las estrellas de ocho puntas y Rojas de seis, por eso supuse que el cuartel era Rojas. Supongamos que es Fonseca aceptando el habitual grado de imprecisión en la punta de las estrellas (por ejemplo, picado de curiosidad acabo de ver armas Rojas con cinco puntas en cada estrella en vez de seis). Bajo esa hipótesis tenemos: Fonseca-Zúñiga (como apellidos del padre) y Guzmán (de la madre).

Y una luz posible aclaradora: don Manuel Fonseca y Zúñiga, VI Conde de Monterrey, casó con Leonor de Guzmán, hermana del Conde-Duque.

Las armas encajan para ese matrimonio (que no tuvo descendencia): el escudo medio cortado corresponde al Conde (Fonseca y Zúñiga y además por el orden adecuado en el escudo) y el medio partido a su mujer (Guzmán). ¡¡Pero chocamos con la corona ducal…!!

Otra alternativa sería que las armas estuviesen mal colocadas y las del escudo medio cortado correspondiesen a la mujer y las del medio partido al hombre… ¡¡en este caso serían las armas del propio Conde-Duque y su mujer doña Inés, hermana del Conde de Monterrey!! La hipótesis es sugerente y cautivadora pero la fecha del libro que guarda la encuadernación la tira por tierra. El libro lleva fecha de 1646 y el Conde-Duque falleció el año anterior. También podría haber sido enviado a encuadernar por la viuda del Conde-Duque.

A favor de que cualquiera de las dos alternativas sea la correcta pesa la estricta contemporaneidad de ambos matrimonios con la época del libro.

Hay un dato que podría arrojar luz: el "lagarto"... así llamado la Cruz de Santiago que figura acolada en las armas. El Conde-Duque fue del Orden pero desconozco si también lo fue don Manuel.

En fin, amigo Urzay, espero con interés tu opinión y seguro que tu respuesta adecuada a este blasón.

Saludos bibliófilos.

Urzay dijo...

En efecto, Diego, todo cuadra para que pudiera ser el escudo de los condes de Monterrey: aunque aparece citado también con otros nombres familiares, el conde usaba Fonseca y Zúñiga, como se puede ver en el epitafio de su monumento sepulcral en las agustinas de Salamanca; era del círculo inmediato de Olivares, primo y casado con su hermana, probablemente interesado por las letras, a juzgar por varios indicios, gran coleccionista y promotor de empresas artísticas, del mismo modo que otros miembros de la facción de Olivares, como Leganés o Medina de las Torres. Era caballero de Santiago, desempeñó puestos de alta responsabilidad política en Italia, y también durante la guerra de Portugal, compatible por tanto con la lengua y el contenido del libro, que perfectamente pudiera haber sido de su interés, falleció años después de la fecha de publicación, y su mujer, Leonor de Guzmán, aún más tarde. Todo cuadra para establecer una hipótesis fiable, y la distancia para convertirla en certeza la marca la corona (y en menor medida, el número de puntas de las estrellas, que como tú comentas, parece más aleatorio). Sin resolver ese tema, no es más que una hipótesis. Yo no soy experto en heráldica, y desconozco si lo que hoy aparece perfectamente codificado en los manuales lo estaba igual en el siglo XVII, si una corona ducal en los reinos españoles se figuraba siempre igual, si la iconografía era equívoca y permitía la confusión con otros tipos de corona o no, y si la práctica raramente se alejaba de la teoría, o por el contrario, los errores eran habituales. E incluso no sé si aún siendo experto en heráldica esto se pudiera resolver. La vía principal me parece contrastarla con las armas utilizadas por Monterrey a lo largo de su vida. Por ejemplo, con los escudos que aparecen en varios lugares del excepcional conjunto barroco de las agustinas de Salamanca, que Manuel de Fonseca y Leonor de Guzmán promovieron y donde fueron enterrados, y que se conserva prácticamente íntegro, presidido por la magnífica Inmaculada, orgullosamente firmada, por cierto, “Jusepe de Ribera, español, valenciano, F.1635”. Desgraciadamente, no tengo por casa más reproducciones que las del viejo catálogo monumental de Gómez Moreno, donde se ven (mal) varios escudos en diversos lugares del convento. Pero no parece difícil tratar de cerrar esta hipótesis, a favor o en contra.

DIEGO MALLÉN dijo...

Estimado Urzay, con tu último comentario me has hecho recordar un libro que adquirí en Salamanca el año pasado (donde vive un gran amigo bibliófilo y catedrático) que nos arroja luz aclaradora sobre nuestro asunto dándote la plena razón en tus hipótesis.

Se trata de la obra “De heráldica salmantina” de Julián Álvarez Villar, Salamanca, 1997.

Te resumo las conclusiones alcanzadas:

En efecto, las armas de Fonseca, aunque en teoría son cinco estrellas de ocho puntas también aparecen con seis y cinco puntas.

El libro reproduce varios escudos en Salamanca con esas variantes. Y dice Álvarez Villar, p. 83: "Algunos tratadistas concretan que las estrellas son de ocho rayos, aunque observamos que en otros casos, como en la Casa de la Salina o de Mesía-Fonseca en Salamanca, son de cinco” y en la p. 250: “Fonseca… ya se dijo al hablar de San Benito que existen estrellas de seis y cinco rayos”.

El libro reproduce armas de Fonseca con seis rayos en sus estrellas situadas en el Colegio Mayor Fonseca, págs. 129-134, Casa de Maldonado Ribas, p. 163, Palacio de Monterrey (alternando armas con otras con ocho), y de cinco rayos en el Palacio de la Salina, Diputación, págs. 219-225.

Podemos convenir, pues, que las estrellas de las armas de Fonseca pueden llevar cinco, seis u ocho rayos o puntas indistintamente.

Por tanto el cuartel superior del escudo medio cortado de la encuadernación que nos ocupa es sin duda alguna Fonseca.

Seguimos a Álvarez Villar (págs. 245-252) al describir los escudos de la Iglesia de las Agustinas, fundada por los VI condes de Monterrey: ¡Y damos con la solución a nuestro problema!

Vemos las armas de la encuadernación reproducidas en la fachada y diferente lugares de las Agustinas. Se le añade las armas de Acevedo, Biedma y Ulloa, todas ellas de la familia de los VI Condes, don Manuel y doña Leonor.

Y para concluir encontramos solución también al uso de la corona ducal de la encuadernación que tanto nos ha mareado.

La misma corona es la que timbra las armas de los VI condes de Monterrey en la fachada y otros lugares de las Agustinas. Las armas fueron esculpidas y traídas de Nápoles (donde encargó y compró diferentes pinturas, entre ellas al valenciano, que apuntas, José de Ribera) y dice Alvarez Villar: “…las armas de los condes fundadores en cuarteles con apellidos de los Fonseca, Zúñiga, Guzmán, Acevedo, Biedma y Ulloa, timbrado con corona alusiva al título, que no es la tradicional española” (p. 247).

Es decir, los condes de Monterrey adoptaron una corona para timbrar sus armas diferente a la española de conde (que va guarnecida con dieciocho perlas). Tomaron una corona italianizada similar a la ducal española. Tal vez sea misma ducal española pues la condición y cargos del conde (Virrey de Nápoles, Embajador) se lo permitía tal como contemplan los tratados del blasón.

Asensio y Torres, "Heráldica y Blasón", Madrid, 1929, p. 91, “…los generales de ejército, los almirantes y otros títulos semejantes y de igual carácter, según la opinión de algunos, pueden usar la misma corona que los duques”.

Monterrey como virrey de Nápoles y Grande de España bien podía timbrar sus armas con la corona ducal.

Resumiendo, que no tenemos duda alguna que las armas que visten la encuadernación son las de los VI condes de Monterrey.

¡Saludos cordiales, divertidos y bibliófilos!

Urzay dijo...

Estimado Diego:
Me alegro de que hayas resuelto el misterio. Te había enviado algunas fotos por e-mail, pero ya veo que tú has sido mucho más rápido en zanjar el tema. Que disfrutes del ejemplar recién bautizado.
Saludos bibliófilos con frío invernal en estas tierras altas.

DIEGO MALLÉN dijo...

Muchas gracias Urzay por tus luces... tirando del hilo desmadejamos el ovillo y hemos dado con el nombre de las armas que luce la segunda encuadernación.

El punto clave fue las estrellas de seis puntas que atribuí a Rojas, de acuerdo con los tratados de heráldica. Apuntaste la hipótesis Fonseca.

Si hubiesen estado bien pintadas en la encuadernación siendo Rojas veríamos las estrellas con finas líneas de palos y siendo Fonseca con fajas, pero al grabarlas en la encuadernación se optó directamente por cubrirlas en su totalidad con oro, lo que no permi´te determinar si las estrellas son de azur o gules.

En efecto, y gracias al libro de Alvarez Villar, pudimos comprobar que existen estrellas Fonseca de cinco, seis y ocho puntas o rayos, nada menos.

A partir de ahí el camino fue fácil y todo nos llevaba sin sobresaltos a los VI condes de Monterrey (él cuñado de Olivares, ella hermana de Olivares).

Tu segunda reflexión sobre las Agustinas de Salamanca me hizo recordar la visita que hice el pasado año a la ciudad e ¡incluso a las propias Agustinas, donde para más inri llegué a fotografiar una de las esculturas con las armas de los condes (que he colocado en el artículo)! la memoria va fallando estrepitosamente...

En fin, ha sido un trabajo divertido éste de interpretar armas y trepar saltando por árboles genealógicos.

He modificado el artículo recogiendo e introduciendo las modificaciones (¡que gran ventaja de internet que permite introducir modificaciones: si hubiese estado impreso en soporte físico el artículo se me llevarían los demonios ahora. Haber dejado impreso que no sé de quién son las armas y conocerlo ahora!).

Además, modestia aparte, reputo de rareza importante ambas encuadernaciones y la figura de sus poseedores como bibliófilos españoles del XVII. De mucha mayor rareza que las de Medina de las Torres, Caracena o Aragón que el que más o el que menos reunimos un puñado de ellas.

Muchas gracias por tu ayuda y saludos biliófilos.