jueves, 25 de junio de 2009

XXI Salon International du Livre Ancien. París, junio, 2009.

Amigos bibliómanos, a la pregunta: “¿qué te ha parecido el Salón de París?”, respondo con la sentencia de Pío Baroja: “…un español es un francés pobre”. Con ello no pretendo eludir la respuesta sino constatar un hecho bien cierto y aplicable en su totalidad a la siempre bien concertada república de los libros. .

El Salón de París asombra al pobre españolito por sus maravillas inimaginables e inencontrables en el solar patrio. Nada más traspasar las grandiosas columnas del zaguán del Grand Palais nos invade una dulce desorientación originada por la contemplación de un universo indescriptible.
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Acostumbrados a los pergaminos roñosos, encogidos, mutilados y mugrientos que visten nuestras producciones, uno no deja de disfrutar admirando la exquisita condición de los libros que proponen los libreros franceses y de otros países: ejemplares marginosos, impolutos, encuadernaciones dobladas (doublés) por aquí y por allá, otras trabajadas con esmero, sembradas de armas… ¡Aquí está reunida la mayor concentración de encuadernaciones firmadas o atribuidas a los Louis Douceur, Padeloup, Derome, Dubuisson! En fin, hay otros mundos bibliófilos y los Pirineos siguen en su sitio…
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El bibliófilo francés valora el libro por su condición. En España no damos tanta importancia a ello… ¡porque si lo hiciésemos no tendríamos libros que colocar en nuestros estantes! Tras siglos de destrucción, desamortización y guerras los pocos que han sobrevivido a tantas calamidades han devenido “infinitamente raros” (como gustan decir los franceses) pero en condición habitualmente penosa.

Nada más entrar nos damos de lleno con los stands de la élite de los libreros. Una docena de los más granados y esforzados representantes de la flor de la librería anticuaria muestran las piezas más asombrosas que imaginar podamos. Dos de ellos, uno alemán y otro suizo, nos regalan con una sinfonía de códices y libros de horas iluminados que nos llevan al borde del síncope. Hay tantos reunidos y en tan poco espacio que pasados los primeros momentos de asombro uno llega a considerar normal este espectáculo único ("de la naturaleza humana") y que, -al igual que con el fenómeno del eclipse solar-, tendrá que transcurrir un año o dos para que vuelvan a darse las venturosas condiciones que favorezcan su repetición.

Hablando de eclipses contemplamos dos preciosos libros de cosmografía: un Astronomicum Caesarum de Pedro Apiano, 1540, iluminado de época y un tratado alemán impreso en el siglo XVI (lamento no recordar más datos de esta obra) de grandes dimensiones (700 milímetros de altura) repleto de esferas, figuras móviles (volvelles), una de ellas con más de una docena de figuras superpuestas, iluminadas de época, representando el movimiento de las constelaciones celestes. ¡Maravilloso!

A ambos lados de los stands centrales del patio del Grand Palais se extiende una buena y nutrida representación de la librería anticuaria francesa, y en menor grado de otros países europeos y americanos. Rebuscando con paciencia, es fácil encontrar libros accesibles a todos los bolsillos y que satisfacen todas las inclinaciones temáticas. Es solo cuestión de recorrer con la vista tabanco tras tabanco, stand tras stand, tomando catálogo de uno y otro lado. Agradable paseo al que dedicamos buena parte del día.

Saludamos a libreros y bibliófilos españoles. Hemos visto pocos libros españoles en el Salón: a destacar el ejemplar de la reina regente María Cristina del Salustio de Ibarra, en precioso marroquín; el rarísimo tratado de Diego García de Pelayo Instrucción nauthica, para el buen uso y regimiento de las Naos, su traça y gobierno conforme à la altura de Mèxico, Mèxico, 1587 y un cantoral del siglo XVIII de dimensiones monumentales, manuscrito sobre pergamino, encuadernado sobre tabla y conservando todos sus cierres en hierro, procedente de un convento de Bilbao con un peso de alrededor de sesenta kilogramos… (¡ya se sabe, los de Bilbao son así!).

¿Qué tres libros escogería del Salón? Pues lo mínimo, lo mínimo que tomaría sería un ejemplar extraordinario de la Hypnerotomachia Poliphilii, en estricta condición original, la edición original del Atlas Major de Blaeu, 11 vols. folio, 1662, y uno solo de los maravillosos libros de horas y códices expuestos por los libreros suizo y alemán citados más arriba.

El Salón, nuevamente, ha sido realizado en el marco tan fin de siècle del Grand Palais. Tiene un defecto: el sol de junio eleva la temperatura de su interior. Este año todos los stands estaban protegidos con techo para evitar la caída a plomo de los rayos solares. Algún librero forró sus vitrinas con papel protector para evitar la luz directa sobre los ejemplares expuestos. La temperatura en el interior del Grand Palais es excesiva y afecta negativamente a la conservación de los libros.

Buena concurrencia de asistentes, especialmente el domingo, muestra de la gran afición bibliófila que existe en el país vecino.
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Fiesta para los bibliófilos y felicísimo fin de semana en París. “Mientras dure París no me faltará un rincón donde dar rienda suelta a mis suspiros”, Michel de Montaigne.
Galería de fotos:





Descanso en Market: almuerzo de bibliófilos y libreros. Entre otros, a la izquierda, en medio: Susana Bardón de Estudio Bibliográfico, Madrid; primero y segundo a la derecha: Sebastián Hidalgo de Hidalgo Solá Rare Books, Buenos Aires y Luis Caruana.



 
Susana Bardón y Lola Narváez.
Laurent Coulet (derecha, con camisa blanca) en el stand de su librería.

"Swann avait oublié son étui à cigarettes chez Odette. «Que n'y avez vous oublié aussi votre coeur, je ne vous aurais pas laissé le reprendre»". (I, pág. 219, NRF).





A bientôt!
Ver Le Bibliomane Moderne para ampliar la galería de fotos del Salón:

http://le-bibliomane.blogspot.com/2009/06/galerie-photos-dune-ballade-au-grand.html

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Buongiorno Diego, abbiamo letto e visto l' articolo sul Salone di Parigi. Veramente splendido, abbiamo amici che ci sono stati riportando foto e cataloghi, purtroppo noi non siamo potuti venire. Hai visto la nostra foto su Abebooks nella Homepage? Come sempre un bellissimo articolo.
Un saluto da Arezzo
Francesco&Claudia

Galderich dijo...

Diego,
Esperada reseña de lo acontecido en París en el XXI Salon International du Livre Ancien.
Me ha gustado la narración de los diversos elementos de este gran salón y creo muy oportuna la conocida frase de Pio Baroja adaptada para esta ocasión. He de reconocer que cuando vi las primera fotografias de las vitrinas con los libros de Horas y otros manuscritos que citas pensé en un primer momento que se trataba del típico stand de facsímiles. Cuando reflexioné sólo unos segundos después que esto no era así y que habían de ser auténticos me di cuenta de la razón de Pio Baroja.
A pesar de ello nuestra bibliofília es lo que es y cada cual juega en la liga que le corresponde... paciencia!

Me gustó también tu crítica sobre el exceso de luz y calor debido a la majestuosidad de la arquitectura de hierro y vidrio que es la gracia del espacio. A pesar de ello hemos de tener en cuenta que los espacios han de ser adecuados para la exposición de libros, fràgiles a la luz intensa del sol.

En definitiva, una buena crónica y ya nos contaràs que adquisiciones te llevaste de esta visita.

Marco Fabrizio Ramírez Padilla dijo...

Diego.
Verdaderamente deliciosa tu narración, de alguna u otra manera, sentimos que estuvimos ahí.
Una revelación saber que aún se encuentran en comercio libros que pertenecen a la categoría de legendarios.
En lo personal me asombra que estuviera a la venta el tratado del montañes, Diego Garcia de Palacio.
¡Que maravilla!
Gracias por compartir tu experiencia.

Saludos bibliófilos.

Marco.

DIEGO MALLÉN dijo...

Amigos Francesco & Claudia: muchas gracias por el comentario. No encuentro vuestra foto en Abebooks: ¿podéis enviarme a mi correo el link para verla?

Amigo Galderich: ¡ni un solo facsímil en el Salón! El conjunto de códices y libros de horas, por supuesto son todos originales (y los precios en consonancia). Si en Francia hay facsímiles su Salón debe ir por otros derroteros. La reflexión de Baroja es aplicable totalmente al mundo de la bibliofilia.

De adquisiciones poca cosa: un curioso tratadito impreso en Valencia, 1820: La gastronomía o los placeres de la mesa, Poema por J. Berchoux y traducido por José de Urcullu. Canto hedonista con anexos sobre el arte de trinchar las viandas, comportarse en la mesa y otros poemas.

Amigo Marco Fabrizio: ¡gracias por tu ayuda! Olvidé indicar el autor del Tratado, error que ya he subsanado. La obra es bien rara y el precio pedido estaba en consonancia: 250,000 euros, sive: 325,000$USA.

Disculpad la demora en contestar. El viernes coloqué el artículo con cierta premura para cumplir con la promesa establecida y para que no perdiera actualidad. Inmediatamente salimos para Altea (¡donde no me llevo el PC!). Hemos pasado el fin de semana tomando el sol, bañándonos en la playa y descansando.

Acabamos de llegar.

Saludos bibliófilos.

lamberto palmart dijo...

Amigo Diego, gracias por relatarnos tu visita al Grand Palais. Estoy convencido que de haber acudido a tan extraordinario evento, con ejemplares soberbios venidos de las mejores librerias europeas, hubiera tenido que solicitar a la entrada un babero y una tila.

Un salón del libro que no defrauda en sus espectativas. Pero bueno, es normal, es Francia y es París como bien defines a la entrada de tu artículo. Creo que en bibliofilia los Pirineos no sólo separan España de Francia, sino del resto de Europa. Alemania, Holanda, Suiza, Italia, Inglaterra y alguno más que se me escapa. Tienen soberbias librerías con ejemplares perfectamente vestidos, y pulcros en su interior.

Pero tengo que romper una lanza en favor de la bibliofilia española. Aunque ya sé que tú la romperías conmigo.
Sé que nuestro sueño hubiera sido que nuestros ejemplares versionaran los europeos en conservación, y que sus encuadernaciones mostraran las armas de nobles casas españolas.
Pero nuestros libros, su conservación, su encuadernación, sus cicatrices, son espejo de nuestra historia. Recuerdo tu ejemplar venido de la biblioteca Gustavo Gili, su explícito exlibris, sus fuertes arañazos en las cubiertas. ¿No nos dicen más, que un impoluto libro de la biblioteca del cardenal Richelieu,(bueno, a lo mejor he creado una duda). Pero en fin, es nuestra historia con sus desamortizaciones, revoluciones, guerras y enfrentamientos, donde nuestros libros han sido desde protagonistas hasta mudos espectadores.

Aunque es inevitable que sucumbamos ante tantas maravillas; nos gusta la excelencia.
Yo también me hubiera quedado con los dos primeros libros que hubieras escogido, aunque el tercero lo cambio por el impreso astronómico alemán del XVI; soñar es sano, ¿no?.

Saludos bibliófilos.

rui dijo...

Diego.
¡Solamente hoy, pudo leer tu artículo, estuvo en vacaciones…y para mí vacaciones son siempre sin ordenador y sin reloj (hay siempre el Sol por reglar las mías actividades lúdicas)!
Pero volviendo a lo que escribiste, es deliciosa tu narración, nos haces sentir como estuvimos ahí. ¡Que maravilla!
¿Si “…un español es un francés pobre”, que decir entonces de lo portuguesito?
Como es muy bien conocida de nosotros la bibliofilia, en la Península es muy atrasada en comparación con la francesa.

Gracias por compartir tu experiencia.

Saludos bibliófilos.

Bertrand dijo...

C'est tout de même dommage que le Blog de Diego Mallén et le Bibliomane moderne ne se soient pas rencontré au Grand Palais.

Peut-être l'année prochaine.

Amitiés du Bibliomane moderne,
Bertrand

DIEGO MALLÉN dijo...

Estimado Bertrand:

Realmente fue una pena no haber hecho un encuentro de los blogs en el Salón. El próximo año lo realizaremos.

Mille amitiés,

Diego.