sábado, 2 de abril de 2011

Rendez-vous à Aigues Mortes: del 13 al 15 de julio de 1538.

Vista de la villa de Aigues Mortes, La Camargue, Francia.
(Fotografía: Office de Tourisme d'Aigues-Mortes).

Corre un artículo por la red, Jodía Pavía, del académico Arturo Pérez Reverte. En clave castiza y socarrona el genial escritor imagina la divertídisima carta que en el año de 1525 el cristianísimo rey de los franceses Francisco I escribe desde Madrid a su supuesta amante Mimí de la Biche. En Madrid estaba recluido por obra y gracia de su cuñado, el Emperador Carlos V (la hermana del Emperador, Leonor de Austria había casado en segundas nupcias con Francisco I).

Y a esa ciudad llegó Francisco I tras desembarcar en el puerto de Valencia y disfrutar de dieciocho deliciosos días, -acompañado por el azahar de naranjos-, en el castillo de Benisanó próximo a la villa de Liria. Atrás quedó el malhadado 24 de enero del corriente, el campo de batalla de Pavía donde un tal don Fernando de Avalos, marqués de Pescara, con un puñado de pequeñitos, sucios, caóticos y malencarados españoles, -en palabras de Pérez Reverte-, se llevaron por delante a la flor y espejo de la caballería gala.

Francisco y Carlos pasaron una buena temporada peleando por tierras de Italia y Milanesado. En 1538 cansados de tanto estacazo y con las arcas limpias firmaron la Tregua o Paz de Niza. El 18 de junio de 1538 en la iglesia de la Santa Cruz, a las afueras de Niza, los embajadores de ambas potencias rubricaron el tratado y acordaron el próximo encuentro familiar de las dos monarquías en la hermosa y amurallada villa de mar de Aigues Mortes, en la Camargue.

La histórica cita tuvo lugar durante el domingo 13, lunes 14 y martes 15 de julio de 1538. El Emperador Carlos V se había dado a la mar en Marsella el sábado anterior. Su nave vio la tierra de Aigues Mortes al mediodía del domingo. Llegaba escoltada por 50 galeras (al encontrarse toda la flota frente a Aigues Mortes una de ellas osó embestir por la popa a la Capitana del Emperador). Iba asistido de lo más granado de la nobleza española (el duque de Alba, el conde Oropesa, el duque de Alburquerque...).

El domingo, sobre las cinco de la tarde, recibió Carlos V en su galera a Francisco I quien abrazando tres veces al Emperador dijo: "hermano, aquí estoy haced de mi lo q quisieades".

El lunes 14 los españoles bajaron a tierra y fueron recibidos y agasajados con  lujo, elegancia y cortesía. Hubo bailes, presentes, fiestas. La reina Leonor de Austria feliz de ver unidos a su hermano y marido "torno a tomar al Rey cô las manos y a su Mage. y los hizo abraçar dos vezes. y estàdo ellos abraçados abraçaua ella a los dos y metia su cara entre las suyas".

En la tarde del martes 15 "de casi ya puesto el sol: su Mage. se despidio de la Reyna & se vino a su galera. Acompañaronle hasta ella el Rey y el delfin y el Duque de Orliens y el Cardenal de Lorena: y dexàdolo dentro se boluieron hazia la tierra en galeras muy hermosas. Hanse conzertado Pazes entre ellos muy buenas: las condiciones de las quales yo no las se". Así de sincero escribe el anónimo autor de la crónica de la que a continuación daremos noticia. De los tratados poco llegó a saber, pero como buen cronista social no perdió detalle  de los asistentes, sus vestidos, tapices, mobiliario, bailes y todas aquellas cosas que hicieron amable y feliz la estancia a quienes en su diferente condición asistieron al histórico momento. Las gentes que venían de un lado y otro a ver a sus magestades fueron agasajadas "con pan y uino y carne todavia para yentes y viniêtes".

Las crónicas de la época debieron ser harto prolijas en la narración del felicísimo encuentro, que asentaba la paz entre las dos poderosas naciones. Se dieron a la estampa numerosas ediciones con detallada cuenta de los fastos, cumplimientos y grandezas de la reunión. La efímera condición de impreso volante ha hecho rarísimas, -andando el tiempo-, estas impresiones que correrían por todas las cortes de Europa. La trascendencia política del evento y del encuentro lo justificaban sin duda alguna.

Por nuestra parte damos noticia de un raro impreso castellano que ofrece la relación detallada de las tres históricas jornadas  en la villa de Aigues Mortes.


Relaciô muy uerdadera: sobre las Pazes: y concordia que entre su Magestad: y el Christianissimo Rey & Frâcia passaron: y las fiestas y recibimiento q^se hizo a su Magest. En la villa de Aguas muertas a treze de Julio. Año M.D.xxxviii, S.f., s.l., s.e., 8º, 199 x 140 mm.


Encuadernación:
Plena piel siglo XVII, planos enmarcados con armas de D. Luis de Benavides y Carrillo de Albornoz, marqués de Caracena (Valencia 1608, Madrid 1668).

Colación:
4 folios, sign. a4. Tipografía gótica a línea tirada.

Portada orlada compuesta con cuatro tacos xilográficos. En el interior de la orla y bajo el título, caligrafiado en caracteres góticos: "[calderón] Fue impressa en Medina del Campo por Pedro de Castro. año 1538".

Por su interés, rareza y curiosidad reproducimos a continuación la totalidad del texto que compone este impreso:




Referencias:
Pérez Pastor, La imprenta en Medina del Campo, ref. 341. Colaciona el único ejemplar que pudo examinar (ejemplar B. de El Escorial), sin fecha, ni lugar, ni impresor.

El ejemplar Pérez Pastor presenta las siguientes diferencias respecto al presente: el texto de la portada difiere en alguna palabra y en el número de líneas y difiere en el principio del texto. El ejemplar Pérez Pastor lleva tres cuartetos al final del texto. Véase a continuación reproducida la referencia de Pérez Pastor.

De acuerdo con Pérez Pastor podemos concluir que el presente impreso salió de las prensas de Pedro de Castro pues el taco xilográfico inferior de la portada del presente ejemplar es idéntico al reproducido en la pág. 17 de la obra de Pérez Pastor en la entrada dedicada al impresor Castro, tal como se muestra a continuación:


La anotación caligráfica de la portada del presente ejemplar asignando fecha, lugar e impresor presenta ciertas dudas en su atribución o finalidad. No es fácil datar la fecha en que se caligrafió dicho texto. Sin base científica alguna, solo por intuición, podría pensarse en una escritura más próxima a nuestros días (¿siglo XIX?) que contemporánea de la obra o de quien fue  propietario del ejemplar, el marqués de Caracena.

Pedro de Castro, según Pérez Pastor se estableció en Medina del Campo en 1541 (proveniente de Salamanca). No hay duda por los tacos xilográficos, y especialmente por el inferior de la portada-, que el presente ejemplar salió de las prensas de Castro. Obviamente con posterioridad al mes de julio de 1538. En consecuencia si lo fue en Salamanca debió serlo entre dicha fecha y 1541. Si lo fue en Medina del Campo lo fue a partir de 1541. En ambos casos es fácil concluir que el texto caligrafiado en portada no es exacto en su totalidad (acierta en el nombre del impresor, probablemente en el año de impresión y yerra en el lugar de impresión).

Vindel, VIII, 2.406, referencia la obra y reproduce la portada del presente ejemplar (véase reproducción arriba).

Para reproducir el ejemplar, Vindel necesariamente tuvo que examinarlo. Sin duda alguna no le habría pasado inadvertido el detalle del caligrafiado del texto inferior de la portada. Pero singularmente no hace mención a tal condición al reproducir la portada en su Manual gráfico-descriptivo del bibliófilo hispano-americano (1475-1850).

Tal vez Pedro Vindel quiso mejorar y enriquecer el presente ejemplar, -ya de por sí de rara condición y magnífica proveniencia-, y... ¿no sería él quien mandó caligrafiar el texto de la portada?

Palau, 257.154, no debió ver ejemplar y toma de Vindel la información. Por ello al colacionar la obra da fecha, impresor y ciudad. Referencia dos ejemplares: Palacio Real y El Escorial.
CCFr: 1+3 ejemplares en BNF ( presentando diferencias del texto de portada entre el 1 y los otros 3 y todos ellos, a su vez, con el presente ejemplar y con el de Pérez Pastor).

No en Salvá. No en CCPBE. No en Catálogo Palacio Real.