jueves, 25 de junio de 2009

XXI Salon International du Livre Ancien. París, junio, 2009.

Amigos bibliómanos, a la pregunta: “¿qué te ha parecido el Salón de París?”, respondo con la sentencia de Pío Baroja: “…un español es un francés pobre”. Con ello no pretendo eludir la respuesta sino constatar un hecho bien cierto y aplicable en su totalidad a la siempre bien concertada república de los libros. .

El Salón de París asombra al pobre españolito por sus maravillas inimaginables e inencontrables en el solar patrio. Nada más traspasar las grandiosas columnas del zaguán del Grand Palais nos invade una dulce desorientación originada por la contemplación de un universo indescriptible.
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Acostumbrados a los pergaminos roñosos, encogidos, mutilados y mugrientos que visten nuestras producciones, uno no deja de disfrutar admirando la exquisita condición de los libros que proponen los libreros franceses y de otros países: ejemplares marginosos, impolutos, encuadernaciones dobladas (doublés) por aquí y por allá, otras trabajadas con esmero, sembradas de armas… ¡Aquí está reunida la mayor concentración de encuadernaciones firmadas o atribuidas a los Louis Douceur, Padeloup, Derome, Dubuisson! En fin, hay otros mundos bibliófilos y los Pirineos siguen en su sitio…
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El bibliófilo francés valora el libro por su condición. En España no damos tanta importancia a ello… ¡porque si lo hiciésemos no tendríamos libros que colocar en nuestros estantes! Tras siglos de destrucción, desamortización y guerras los pocos que han sobrevivido a tantas calamidades han devenido “infinitamente raros” (como gustan decir los franceses) pero en condición habitualmente penosa.

Nada más entrar nos damos de lleno con los stands de la élite de los libreros. Una docena de los más granados y esforzados representantes de la flor de la librería anticuaria muestran las piezas más asombrosas que imaginar podamos. Dos de ellos, uno alemán y otro suizo, nos regalan con una sinfonía de códices y libros de horas iluminados que nos llevan al borde del síncope. Hay tantos reunidos y en tan poco espacio que pasados los primeros momentos de asombro uno llega a considerar normal este espectáculo único ("de la naturaleza humana") y que, -al igual que con el fenómeno del eclipse solar-, tendrá que transcurrir un año o dos para que vuelvan a darse las venturosas condiciones que favorezcan su repetición.

Hablando de eclipses contemplamos dos preciosos libros de cosmografía: un Astronomicum Caesarum de Pedro Apiano, 1540, iluminado de época y un tratado alemán impreso en el siglo XVI (lamento no recordar más datos de esta obra) de grandes dimensiones (700 milímetros de altura) repleto de esferas, figuras móviles (volvelles), una de ellas con más de una docena de figuras superpuestas, iluminadas de época, representando el movimiento de las constelaciones celestes. ¡Maravilloso!

A ambos lados de los stands centrales del patio del Grand Palais se extiende una buena y nutrida representación de la librería anticuaria francesa, y en menor grado de otros países europeos y americanos. Rebuscando con paciencia, es fácil encontrar libros accesibles a todos los bolsillos y que satisfacen todas las inclinaciones temáticas. Es solo cuestión de recorrer con la vista tabanco tras tabanco, stand tras stand, tomando catálogo de uno y otro lado. Agradable paseo al que dedicamos buena parte del día.

Saludamos a libreros y bibliófilos españoles. Hemos visto pocos libros españoles en el Salón: a destacar el ejemplar de la reina regente María Cristina del Salustio de Ibarra, en precioso marroquín; el rarísimo tratado de Diego García de Pelayo Instrucción nauthica, para el buen uso y regimiento de las Naos, su traça y gobierno conforme à la altura de Mèxico, Mèxico, 1587 y un cantoral del siglo XVIII de dimensiones monumentales, manuscrito sobre pergamino, encuadernado sobre tabla y conservando todos sus cierres en hierro, procedente de un convento de Bilbao con un peso de alrededor de sesenta kilogramos… (¡ya se sabe, los de Bilbao son así!).

¿Qué tres libros escogería del Salón? Pues lo mínimo, lo mínimo que tomaría sería un ejemplar extraordinario de la Hypnerotomachia Poliphilii, en estricta condición original, la edición original del Atlas Major de Blaeu, 11 vols. folio, 1662, y uno solo de los maravillosos libros de horas y códices expuestos por los libreros suizo y alemán citados más arriba.

El Salón, nuevamente, ha sido realizado en el marco tan fin de siècle del Grand Palais. Tiene un defecto: el sol de junio eleva la temperatura de su interior. Este año todos los stands estaban protegidos con techo para evitar la caída a plomo de los rayos solares. Algún librero forró sus vitrinas con papel protector para evitar la luz directa sobre los ejemplares expuestos. La temperatura en el interior del Grand Palais es excesiva y afecta negativamente a la conservación de los libros.

Buena concurrencia de asistentes, especialmente el domingo, muestra de la gran afición bibliófila que existe en el país vecino.
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Fiesta para los bibliófilos y felicísimo fin de semana en París. “Mientras dure París no me faltará un rincón donde dar rienda suelta a mis suspiros”, Michel de Montaigne.
Galería de fotos:





Descanso en Market: almuerzo de bibliófilos y libreros. Entre otros, a la izquierda, en medio: Susana Bardón de Estudio Bibliográfico, Madrid; primero y segundo a la derecha: Sebastián Hidalgo de Hidalgo Solá Rare Books, Buenos Aires y Luis Caruana.



 
Susana Bardón y Lola Narváez.
Laurent Coulet (derecha, con camisa blanca) en el stand de su librería.

"Swann avait oublié son étui à cigarettes chez Odette. «Que n'y avez vous oublié aussi votre coeur, je ne vous aurais pas laissé le reprendre»". (I, pág. 219, NRF).





A bientôt!
Ver Le Bibliomane Moderne para ampliar la galería de fotos del Salón:

http://le-bibliomane.blogspot.com/2009/06/galerie-photos-dune-ballade-au-grand.html

martes, 23 de junio de 2009

Lamberto Palmart.

Valencia, calle de Portal de Valldigna. Placa conmemorativa del Ayuntamiento de Valencia en el cuarto centenario de la constitución de la primera imprenta estable en España.
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Hace más de cinco siglos el muy honrado y laborioso varón Lamberto Palmart introdujo el nobilísimo arte de la tipografía en Valencia, fundando el primer establecimiento permanente en toda la península Ibérica. Quinientos años después, otro esforzado Lamberto regaló a los bibliófilos valencianos, españoles, portugueses, hispanoamericanos y de todo el orbe, las delicias de sus artículos, sus libros y su amada biblioteca.

Por eso, y todavía acabando de deshacer maletas, me uno al homenaje del cofrade Rui y del resto de amigos bibliófilos a la figura y tarea de nuestro gran amigo Lamberto deseándole muchos años y larga vida en el mundo de la bibliofilia en internet y rogándole el derecho de amparo para poder seguir recogiéndonos bajo el dulce manto de sus artículos.

He podido leer su artículo extraordinario sobre el rarísimo tratado de Relojes solares y el Epílogo inquietante. Sin más dejo estas precipitadas líneas escritas con desorden pero al dictado de la amistad y cariño hacia el amigo y bibliófilo valenciano, Lamberto.
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Valencia, Carrer de Salvá (esquina con la calle de la Universidad). Al fondo: oficinas de Bancaja; en su interior las mellizas más famosas de España y Bud Spencer dispuestos todos ellos, (unas con sus cantos y bailes Born to be alive y el otro a su estilo) a convencer a Lamberto de la conveniencia de mantener vivo su blog.

viernes, 12 de junio de 2009

¡Gades Constitución!

Hemos encontrado esta anotación manuscrita en la primera hoja de un libro impreso en Valencia a inicios del siglo dieciséis. Las dos elocuentes palabras aparecen en el interior de la corona de laurel de la xilografía que orla la parte inferior de dicha hoja.

Lo interesante, -al menos para quien estas líneas escribe-, es que el libro proviene de la biblioteca de Salvá y con toda probabilidad también es de su puño y letra el admirativo prono “Gades Constitución”. Sin duda Vicente Salvá, –que con más de un cuarto de siglo en el exilio pagó su encendida defensa del ideal constitucional-, estampó en este libro su homenaje particular a la primera Constitución Española, promulgada en Cádiz en 1812.

Imaginamos a Vicente Salvá, contemplando la corona de laurel y el espacio en su interior que el impresor de la obra, –al uso y costumbre habitual de la época-, dejó en blanco para que en él pintase sus armas, emblema o nombre el propietario del libro.

Y Salvá recordando a Plinio, -que afirmaba que el laurel, árbol dedicado siempre a los Triunfos, es “el portero de las Casas de los grandes Emperadores y Pontífices y embajador de la Victoria”-, debió pensar que no había mejor lugar para ensalzar la Constitución. Y como recuerdo y admiración al ilustre bibliófilo, -diputado de las Cortes de Cádiz-, recuperamos su anotación en este artículo.

Y para ello, de los Triunfos de Plinio pasamos a los del sofista Apiano Alejandrino que es el autor del libro en cuestión.
.Apiano Alejandrino. Los Trivmphos de Apiano. Valencia, 1522, Juan de Jofre, folio, 280 x 204 mm.

Colación: 12 hojas preliminares, en impresión gótica a línea tirada (incluyendo portada coloreada a mano de época), CXLIIII folios en impresión gótica a doble columna (145 folios en realidad, pues hay dos folios con la misma numeración: CXXXVI).

El ejemplar está encuadernado en holandesa del siglo diecinueve, lomo con nervios, planos en percalina con supra libris dorado de Salvá al centro, cortes jaspeados. Ex libris de Ricardo Heredia, conde de Benahavis.
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Ex libris de Ricardo Heredia, conde de Benahavis.

Esta edición valenciana de Apiano fue traducida al castellano por el Bachiller Juan de Molina. La obra es muestra de la elegancia y calidad que alcanzan las prensas valencianas durante el primer tercio del siglo dieciséis.

La portada de la obra está impresa a dos tintas (en caracteres redondos) y lleva las armas de don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, marqués de Zenete a quien el traductor Molina dedica la obra. En este ejemplar, como en otros censados, las armas y la corona de laurel están coloreadas de época.

Especial interés tienen las siete hojas preliminares con la Carta Prohemial, del Bachiller Juan de Molina. Esta Carta es la primera narración impresa de los sucesos acaecidos en el Reino de Valencia durante la llamada guerra de las germanías. El movimiento de las germanías arranca en 1519 con revueltas populares como respuesta a los intentos centralizadores del emperador Carlos V y de modificación de los Fueros concedidos a Valencia por el rey Jaime I.

Juan de Molina cuenta como ante el cariz de los acontecimientos y el poder y apoyo creciente de los agermanats el Virrey de Valencia, don Diego de Mendoza conde de Melito, abandona la ciudad. Los líderes del movimiento de germanías, modestos artesanos, tienen el apoyo del pueblo y parte de la nobleza. Han pasado cinco siglos y en Valencia recordamos con respeto a aquellos humildes y honrados oficios como el tejedor Guillén Sorolla, el dulcero Juan Caro, Juan Lorenzo, el velluter Vicente Peris y la enigmática y romántica figura del llamado El Encubierto.

Lo que se inició como movimiento reivindicativo acabó, -como todas las revueltas-, en saqueo, pillaje y asesinato. Cuentan las crónicas que el cabecilla Juan Lorenzo, falleció de pena al ver como el populacho enfurecido asesinaba en la calle a un sacerdote que salió en defensa de un partidario del Emperador.

Ante el caos creciente la Ciudad pidió a don Rodrigo de Mendoza, hermano de don Diego, que asumiese el cargo de El Justicia, dirigiese las tropas leales al Emperador e iniciase negociaciones con los agermanats. Rodrigo de Mendoza, -de personalidad encendida, que llegó a reunir una biblioteca selecta próxima al millar de títulos y nieto del marqués de Santillana-, con temple y diplomacia, sofocó el movimiento. La crónica de Juan de Molina en la Carta Prohemial es una gran loa a la acción de don Rodrigo.
.Los capítulos que componen la Carta Prohemial son los siguientes:

· La açeptación que el señor Marques hizo del baston de cargo de Justicia. (Ante la marcha del Virrey, don Rodrigo de Mendoza, su hermano, acepta ser El Justicia de Valencia).

· La vandera cobrada en Monviedro y la muerte de la muy illustre señora Marquesa. (Describe la muerte de la mujer de don Rodrigo, doña María de Fonseca y Toledo. Años antes, don Rodrigo locamente enamorado la raptó del convento donde profesaba y consiguió el matrimonio, al que se opuso la reina Isabel la Católica. Don Rodrigo falleció a poco de sofocar las germanías lleno de melancolía por la muerte de su amada esposa. Ambos descansan en el bello sepulcro en la Capilla de los Reyes de la iglesia de Santo Domingo de Valencia).

· Ellartilleria tomada camino de Monviedro.

· La entrada del. S. Marques en Xativa.

· La batalla avida dentro en Xativa yprission del señor Marques.


· El jueves de Viçent Perez. (El nombre del cabecilla de las germanías era Vicente Peris, no Pérez).

· La providencia hecha en los tres días siguientes por parte del illustre señor Marques contra Viçent Perez.

· La muerte de Viçent Perez. (Asediado por las tropas de don Rodrigo que incendiaron su casa de Valencia en la calle de la Virgen de la Gracia).

· La muerte del Encubierto. (Así se hacía llamar Don Enrique Manrique de Ribera: el ql con sus hereticas sectas de treaydor depues de la muerte de Viçent Perez se levanto côtra Dios predicando ley nueva: y contra el Rey haziendose cabeça de sus enemigos y rebeldes). Figura romántica inmortalizada en varias novelas entre ellas la del cronista de Valencia don Vicente Boix.


· La venida de los de Algeziras (Alzira) sobre Valencia.

· La yda del señor Marques en Castilla.

· El continuo trato q los rebeldes siempre tovieron dentro de Valencia y en el reyno por matar al señor Marques.

· Epilogo de lo susodicho y conclusiones de la presente Epistola. (En est epílogo e impreso en letras rojas Molina cita la enseña de don Rodrigo: Lavdo Mia Sorte). Concluye la narración de los hechos Molina fechándolos en Valencia el 20 de agosto de 1522.

Continúa la Carta proemial con un último apartado dedicado a comentar la traducción de la obra de Apiano Alejandrino. Aprovecha el bachiller Molina para hacer crítica de los libros de caballería: “No estan aqui las ficciones ventosas de Esplandian, ni las espumas de Amadís: ni los humos escuros y espessas nieblas de Tirante: ni los vanos tronidos y estruendos fantastigos de Tristan y Lançarote: ni los encâtamientos mintrosos que en estos libros que he dicho y otros como ellos falsamente se leen. Los quales todos (como Petrarca muy bien dize) hinchê las cartas de los sueños. Las guerras de los romanos muy valerosamête tratadas: por animosos y exçelentes capitanes hechas: y con muy entera fieldad escritas: esto es lo que el lector en el presente libro hallara”.

Molina indica que continuará la obra con un segundo volumen, que no llegó a imprimirse, con la continuación de las guerras civiles y los tratados de Ilria y Céltica.

Tras la Carta Prohemial siguen dos hojas con Tablas y tras ellas el folio I con el principio de la traducción de la obra de Apiano. La obra está dividida en cuatro partes, cada una de ellas dedicadas a las guerras y triunfo de Roma en el exterior: Africa, Siria, Partos y Mitrídates.
.La obra finaliza, al recto del folio 145 (numerado 144), con una nota del impresor Jofre pidiendo la disculpa al lector por los errores que haya podido encontrar en la impresión y criticando a quienes como dice el Evangelio "ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio":

"Suelen algûos lectores ser tan delicados que por vna sola letra que hallen mas o menos: mudada o alterada: pierden toda la paciencia contra el imprimidor y corrector dela tal obra. Yo les ruego pues que tengan paciencia. Y si quieren culpar empiecen por si mesmos que piden impossibilidades. Sino si mucho me enojan remitirlos he alos que el sagrado euangelio condena: qûado reprehendiendo vna semejante condición de hombres dize: ponen sobre los otros cargas intolerables y ellos no quieren tocarlas con el dedo. Esta negociación es de tal condición que no basta diligencia por buena vista y entendimiento que tengan los que en ello entienden forçosamente se atraviessan algunas miserias de las que he dicho he: aunque el hombre se torne pauon y se haga todo ojos como argos el griego. Por tanto el lector modesto y de gentil animo con humanidad lo sufra si algún tal defecto hallasse: y con prudente paciencia lo emiende yo se lo suplique: porque si en otra tal se viere dios depare quien otro tanto haga porel. Deo gratias".

Al verso del folio 145, emblema del impresor (sirena de doble cola) y colofón orlado: "A loor dela sanctissima trinidad padre hijo spiritusancto. Dela gloriosa reyna de los angeles Maria virgen sacratissima: dlos bienauêturados sanctos. B.P.H. Se acabo la parte primera d Appiano Alexandrino Sophista: en la insigne ciudad d Valencia a veynte del mes d Agosto d nuestra reparacion Mil D.XXII. por industria dl experto y solicito maestre Juan Joffre iprimidor êsu officna dicha comunmente al molí dela Rouella".

Haremos notar que hemos visto ejemplares con la palabra “Rovela” en vez de “Rovella” que es la adecuada.

Salvá, 2777: (este ejemplar): “Este libro es raro y además sumamente curioso; porque en la citada dedicatoria de Molina, fechada en Valencia el 20 de agosto de 1522, y dividida por capítulos, se encuentra una difusa narración de lo ocurrido en este reino al tiempo de la impresión de la obra, por las turbulencias de la Germanía, siendo jefes de los revoltosos el famoso Viçent Perez (Peris, no Pérez), y el célebre don Enrique Manrique de Ribera, llamado el Encubierto… El… escudo es del impresor Jorge Joffre, que tantas y tan buenas obras dio a luz en los primeros años del siglo XVI”.

Heredia, 2995. Brunet, I, 358. Graesse, I, 170. Serrano Morales, pág. 235.

Palau, 13810: “De la dedicatoria se desprende que el traductor fue el bachiller Juan de Molina… Este precioso libro ha figurado en muchos catálogos de libreros a precios que oscilaban de 200 a 350 pesetas, pero actualmente, 1944, vale cuatro veces más”.

Granata, Catálogo de libros antiguos. Siglo XVI, Almería, 1980, pág. 8-9, ref. 13. Reproduce en el catálogo la portada y colofón, con la palabra final Rovela: “Prototipo de la reciedumbre y hermosura del libro gótico español”.

James P. R. Lyell, La ilustración del libro antiguo en España, Madrid, Ollero y Ramos, 1997, pág. 150-51. Reproduce también el colofón en la figura 83 de la obra. Palabra final: Rovela.

Juan Antonio Yeves Andrés, La estética del libro español. Manuscritos e impresos españoles hasta finales del siglo XVI en la biblioteca Lázaro Galdiano, Fundación Lázaro Galdiano, Madrid, 1997, ref. 47, págs. 214-15. Reproduce el colofón del ejemplar de Lázaro. Palabra final: Rovella. Medidas: 275 x 205 mm.: “La obra presenta en la portada el escudo de don Rodrigo de Mendoza a quien dedica el libro su traductor, Juan de Molina. En este ejemplar el escudo de la portada se encuentra coloreado a mano; según Lyell es frecuente que aparezca en este estado. La estampa de la sirena que vemos en el colofón, es la marca que utilizó Joffre en muchos de sus libros”.

Un alto grado de simbología acumula el emblema del impresor Jofre: la sirena bífida o tal vez la Equidna mitológica. Concluiremos con la referencia que la profesora Kretzulesco-Quaranta hace de esta representación:

"...el tema de las fuerzas que presiden la eclosión de la vida en la tierra empapada de agua. Estas fuerzas, tradicionalmente, se representan con una máscara de león que vierte el agua de las fuentes. Son las que antiguamente invocaban las jóvenes novias cuando se bañaban, la víspera de la boda, en el nacimiento de un río, pronunciando la invocación sacramental: «Fecunda, pare, re-pare».

Aquí, el grupo de la sirena y los leones representa la fertilidad de la tierra irrigada. El elemento acuático está simbolizado por la sirena, que vive en el agua; la fuerza del fuego solar, por los leones. La pareja de leones con las cabezas divergentes es la representación mitológica de la energía cuya acción se traduce en la circulación del fluido vital por la savia de las plantas. Una energía bipolar, como la electricidad. recordemos que Adriano situó una sirena bífida en el frontón del Serapeum que erigió en Efeso, que los Colonna (¿descendientes de los Julii?) adoptaron el emblema y que se encuentra en El Sueño de Polifilo."
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Emanuela Kretzulesco-Quaranta, Los jardines del sueño. Polifilo y la mística del renacimiento, Madrid, 1996, Ediciones Siruela, pág. 279.

Al igual que el impresor Jofre pedimos disculpas al lector modesto y de gentil ánimo. En nuestro caso por la confusa dispersión del contenido de este artículo: de las guerras de Roma hemos pasado a las de germanías de Valencia, continuando por la Constitución de Cádiz de la mano de Vicente Salvá y acabando en los jardines de Bomarzo recordando a Polifilo.
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Prometemos en el próximo artículo información detallada y concreta del Salon International du Livre Ancien que se inaugurará el viernes próximo, 19 de junio, en el Grand Palais de París.

sábado, 6 de junio de 2009

Biblioteca de Villa di Mombello.

Villa di Mombello. Cernusco Merate, Imbersago (Italia).
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A veces el mero azar o el fortuito accidente hace orillar a nuestras manos un documento, una relación o un testimonio que nos descubre y revela momentos, anécdotas y hechos efímeros de vidas que ya se fueron y de las que, hasta ese instante, todo desconocíamos.
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De esta manera hemos dado con la fotografía de una bellísima biblioteca particular, hoy desaparecida: la de la Villa di Mombello, palacio situado entre las ciudades de Imbersago y Merate en la Lombardía.
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El desencadenante de esta información, ha sido el feliz descubrimiento de una tarjeta postal enviada desde Villa di Mombello a final de la década de 1940. Su destino: Valencia, Espagna. Destinatario: don José Caruana y Reig, barón de San Petrillo.
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Antes de referirme a la citada tarjeta, déjame, -desocupado lector-, dar una pequeña noticia de esta Villa, de sus moradores y de su aciago devenir.

Villa di Mombello, construida en el siglo dieciocho, fue propiedad de la histórica familia Orsini y posteriormente de la familia Colonna. A mediados del siglo diecinueve pasó por herencia a don Juan Falcó y Trivulzio, príncipe Pio de Saboya, marqués de Castel-Rodrigo, conde Lumiares, etc. A su muerte la heredó su hijo don Alfonso Falcó y de la Gándara, nacido en Madrid en 1903, dos veces Grande de España y que, además, entre otros títulos de nobleza reunía, por sucesión de su padre, el de príncipe Pio de Saboya, marqués de Castel-Rodrigo, duque de Nochera, conde de Lumiares y barón de Benifayó.
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En 1932 don Alfonso casó en Roma con donna Sveva Vittoria Colonna, hija del príncipe Colonna, estableciendo el matrimonio, -que no tuvo descendencia-, su residencia en Villa di Mombello.
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Don Alfonso Falcó falleció en Zurich en 1957, a los cincuenta y tres años de edad. Donna Sveva falleció en Villa di Mombello en 1999, a los ochenta y ocho años de edad. Tras su muerte, y según hemos leído en crónicas de la época, donna Sveva legó la villa a su sobrino carnal Próspero Colonna que al no poder mantenerla la vendió, -con todos los tesoros artísticos que contenía-, a Giorgio Corbelli, conocido empresario italiano.
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En el año 2001 el estado autorizó a Corbelli la venta en subasta pública del mobiliario, pintura y elementos de artes suntuarias que componían el inmenso y valiosísimo patrimonio de Villa di Mombello, entre ellos un espléndido retrato de don Francisco de Mourra, III marqués de Castel-Rodrigo, salido del taller de Velázquez (1).
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Y en varias jornadas de venta en el mes de mayo de 2001 fueron dispersados por la casa de subastas Semenzato (propiedad de Giorgio Corbelli) los tesoros de Villa di Mombello, incluida su biblioteca, cumpliéndose de nuevo el destino último de todas las cosas humanas que es desaparecer, -y en palabras de Azorín, La Voluntad (Barcelona, 1902, pág. 87)-, “disgregándose en la Nada, perdiéndose en la inexorable y escondida corriente de las cosas”.

Volvamos a la biblioteca de la villa. Don Alfonso, apasionado por la genealogía y la heráldica, reunió un importante y selecto conjunto de libros de estas materias que engrosaron los fondos de la biblioteca de Mombello. Y orgulloso del conjunto que había formado usó una fotografía de la biblioteca como motivo de las tarjetas postales de su correspondencia.
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Villa di Mombello. Biblioteca.
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Desaparecida la biblioteca, (existe catálogo de la venta) la tarjeta postal nos trae el recuerdo del bibliófilo y su librería. En este caso, podemos apostillar, de un afortunado amante de los libros que tuvo la dichosa ventura de poder disfrutar su pasión en un entorno exquisito. La fotografía de la biblioteca a buen seguro despertará en el lector sana envidia: amplia estancia, doble altura con corredor y, -por aquí y por allá-, piezas de arte que acompañan y realzan la ordenada disposición de libros en los plúteos. Al fondo se aprecia una tabla de bella factura renacentista expuesta sobre caballete.
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En el texto de la carta que don Alfonso envía a Valencia al barón de San Petrillo, -historiador y genealogista-, late el afán bibliófilo y el orgullo de quien sabe ha reunido un valioso conjunto en un entorno palaciego.
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"Barón de S. Petrillo
Salvador 29
Valencia
Spagna

21 de Julio. Mucho he agradecido su carta de 11 de los corrientes con la tarjeta de visita de mi tío Julio. Contestando a su pregunta le diré que todo estudio genealógico, aunque no me afecte personalmente, me interesa y llevo muchos años coleccionando libros genealógicos y heráldicos de todos los países de los que ya tengo más de 600 volúmenes. El ducado de la familia Maratti era Pietratagliata pasado luego por hembra a la familia Alliata que actualmente lo posee.

Mil saludos y deseos de buen verano, de su siempre afftmo. y buen amigo P. Alfonso Pio.
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P.D. Esta es mi biblioteca desde la cual le escribo".
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El sello de la postal no permite determinar el año en que fue escrita que estimamos entre 1948-50.

Para concluir esta pequeña relación llamamos la atención sobre la habitual costumbre de nuestros abuelos de aprovechar para la escritura todos los espacios blancos, -por su verso y anverso-, de las tarjetas postales y hojas de correspondencia (¡a veces hasta escritura horizontal y vertical sobre la misma cuartilla, generando tupida y densa malla literaria absolutamente indescifrable en nuestros días!). En esta tarjeta las últimas líneas ocupan los márgenes de la fotografía y son aprovechados por don Alfonso, -llevado de su amor por la biblioteca-, para remarcar a San Petrillo que "esta es mi biblioteca, desde la cual escribo". ¡Qué no haya duda alguna!

Villa di Mombello en la actualidad.

(1) Ver artículos en: